La educación, en cuanto intereducacción, es la acción conjunta de educador y educando mediante la cual, a través de la comunicación interpersonal y la cooperación, llegan a dar lo mas pleno y mas valioso de si mismos.
Como tarea compartida, la educación requiere compromiso, tanto del educando como del educador, de poner en juego aquellas cualidades que hacen posible la cooperación y , por consiguiente, el logro del fin de la educación.
En este principio debemos tener en cuenta varios aspectos. En primer lugar, la capacidad de comunicación, quien se propone ayudar a otro debe aprender a traducir su lenguaje correctamente. También es importante la empatía, ver y sentir el mundo del educando como el lo ve y lo siente. Esto permite al educador actuar como un espejo del educando y ayudarle a conocerse así mismo. Después, encontramos la acogida abierta que es una condición de posibilidad del diálogo, del encuentro educador-educando. Tras este, encontramos el respeto al educando. Mostramos respeto al escuchar para después poder comprender. Además es una falta de respeto no exigir lo que se puede y se debe exigir. Otro aspecto es la confianza. Los educadores que confían, que creen en las posibilidades de sus educandos, terminan por hacerlos tal como esperan. Los desconfiados, perjudican. El siguiente aspecto es el optimismo realista, que consiste en ver y juzgar las cosas y las personas en sus aspectos más favorables, centrándose en logros y no en fracasos. El penúltimo aspecto es la flexibilidad, donde el educador debe ser persona de criterios firmes, pero con capacidad para adaptarse. Y por último encontramos el talante renovador donde se debe mantener una actitud y curiosidad de apertura a la innovación.

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