En el colegio, todos los alumnos, desde los mas pequeños hasta los mas mayores, llevábamos un par de veces al año, objetos en buen estado que en casa no nos servían o que no utilizábamos como juguetes, lápices, gomas, figuras, llaveros…Se utilizaba una caja de zapatos y allí se metían tres o cuatro objetos de los que nosotros habíamos llevado. Los alumnos, hasta sexto de primaria, compraban las cajas que los mayores vendían a la hora del recreo por un euro cada caja. Este día era muy esperado por todos, pero sobre todo por los mas pequeños ya que siempre se ilusionaban al descubrir qué les había tocado en la caja. Pero no siempre estaban conformes con su caja y muchos de ellos se las cambiaban en el recreo, o por lo menos algún objeto que les había tocado y no les gustaba o era el mismo que ellos habían traído... A los que teníamos hermanos mas mayores que las vendían, siempre nos tocaba la caja más grande, todavía no se si era por casualidad o intencionado, aunque yo he hecho lo mismo con mi hermano más pequeño. De esta manera los alumnos tenían cosas nuevas para jugar, aunque solo fuese un rato durante el recreo, y al mismo tiempo, y casi sin darse, cuenta ayudaban a otros. El dinero recaudado de “El Pozo” como nosotros lo llamábamos, iba destinado para que países desfavorecidos pudiesen hacer colegios para otros niños.

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